IMPACTOS Y RIZOGRAFÍAS

Texto del catálogo

Refugio y medio: Últimos dibujos de Natalia Pastor

Nada y todo que ver tiene esta obra con esa otra vía que marca en su trayectoria El trabajo y los días, el resultado de una acción participativa e intensa que junto a su “hermano” Vicente Pastor presenta ahora en la Fundación Arte Ladines, en el Sobrescobio montuno que habita Cuco Suárez.

Un paisaje alternativo como lo fuera tres años atrás aquella capilla de Los Dolores de Grado en la que se posaron con la ingravidez de la verdad unas primeras obras motivadas más allá de lo puramente literario por Las ciudades invisibles de Italo Calvino. Sobre los muros de noble arquitectura cuya caliza rosa tintaba la atmósfera de una vitalidad serena, detonaba la incandescencia de una Octavia en neón rojo que llamaba y señalaba como dirección, como mensaje de obligada atención, hacia esos cuerpos femeninos en tensión flotante que parecían danzar sobre los paisajes del derrumbe y la agonía, como si el eco mágico de la contienda hallase allí la auténtica interpretación de un texto complejo y fluido capaz de alimentar ensoñaciones.

La obra premiada en el certamen de Luarca de 2009 seguía los mismos derroteros técnicos y formales, aunque resumía de modo magistral ese secreto, ese núcleo argumental que reflejaban como inagotable esos zapatos femeninos arrumbados casi con melancolía, con esa leve tristeza que acarrean los años en su agotamiento. Parecía este trabajo un fin de ciclo, un punto y final a la indagación sobre el modo de expresar un mundo en el que se fundía la miseria de la realidad con la fantasía como tabla de salvación de esa condición femenina doblemente agredida en su esencia. Digo parecía porque esa impresión era resultado de ese temible equívoco que nos hace reinterpretar sesgadamente lo ya interpretado cuando no queremos despojarnos de la pereza visual y nos dejamos llevar por la indolencia. Y lo cierto es que esta obra no cerraba nada, sino que indujo a Natalia Pastor a una nueva búsqueda con todo lo que conlleva de obstáculo original el indagar en nuevas expresiones, y de esa dificultad nacen estos dibujos.

Se suele entender el dibujo desde la urgencia, desde esa encrucijada de lo inmediato que obliga a detener lo que parece escaparse para siempre, y sin embargo este dibujo nace de una reflexión extremadamente serena, consciente de que el medio es el idóneo para concretar una categoría de semilla que fructifica seriada para alimentar un concepto que no se despega ni de la realidad literaria, ni tampoco de lo que tiene de metáfora compleja de lo puramente artístico, tal como desprenden en los trabajos de las dos series que cabe observar como complementarios. La cualidad del dibujo en cuanto a decantación, al uso del recurso extremo de la línea y de lo monocromático para expresar en trazos de libre control lo concluyente y lo auténticamente esencial, tiene aquí una virtud pedagógica por cuanto muestra a Natalia Pastor como una dibujante excepcional hasta ahora casi tapada, suplantada por realización de una obra más atenta a otros medios.

Pero no de menor interés es la nueva identidad que asume en este trabajo como indagación de los motivos no tan frecuentados en esa explicación de su mundo, de ese cosmos que sigue la estela de Las ciudades invisibles en la que la propia condición de mujer y artista, con todo lo que conllevan ambas definiciones vitales, remite a una suerte de autorretrato con entorno, como si su biografía, su ser actual, cargase tanto de contenido íntimo como de mensaje-“ la voz que todo lo habla y todo lo calla”- público unos iconos en apariencia ajenos pero que convergen en la demostración diáfana de una vida propia en una época concreta.

Si en Impactos abre como referencia de homenaje a Frida Kahlo una serie en la que el cuerpo femenino es sujeto de una agresión objetiva que alienta una espiritualidad demostrativa en su no renuncia al paisaje de la piel y el órgano perforado, con esa dominante tinta roja que inquieta mientras dulcifica pregunta y respuesta, en Rizografías encontramos un horizonte aparentemente sereno que involucra superficie y subsuelo. El juego visual en torno al positivo/negativo con esos árboles en silueta, pura rama sin vegetación en ausencia de hojas, que del negro se reflejan en el rojo con doblez misteriosa, afrontan el guiño del descubrimiento en su escueta complejidad y la postrera identidad de todo lo que vive aunque aparente muerte. Árboles en línea, multiplicados, como imagen de un orden de la naturaleza que oferta tanto el descanso como la incertidumbre, la huella del viento y el aplomo de la raíz en tierra. Todo respira.

No es casual la conversión del árbol en pulmones activos en ese dibujo que resume el episodio de una comunión con una atmósfera en la que la vida desvela su auténtico valor. Es esa vida, conjugada con la valentía y la sabiduría del arte, la que con ecos de vigente romanticismo aflora una vez más en la obra limpia de Natalia Pastor como una herencia irrenunciable de quien demuestra saber obligarse a leer las imágenes de su mundo y de su tiempo.

Francisco Crabiffosse Cuesta