DESDE FUERA

Serie fotográfica, un neón y dos videos que recorren los prostíbulos de distintas zonas a través del lenguaje nocturno de los neones.

Texto para la exposición

Los cielos nocturnos del área central de Asturias se vieron sometidos durante largos meses a unas intromisiones inesperadas. Quien quisiese disfrutar del juego de las estrellas en los días fríos de firmamento limpio, de Venus reflejando egoísta su soledad en brillos de envidia, o seguir el curso eterno de la Vía Láctea como un peregrino hasta el mítico Campus Stellae estaría perseguido por una luz nueva e impenitente que allí donde fijase su mirada haría de incómodo recordatorio de que la fe antigua era subvertida por la llamada de la carne.

Hubo protestas, pacíficos intentos de respeto a un orden que ya sabíamos que había sido violado en la luna por la huella del calzado tecnológico y la bandera de las barras y estrellas tremolando en un nuevo territorio conquistado. Nada sirvió para frenar esos haces lumínicos, esos rayos láser que anunciaban la localización de la pasión, los puntos cercanos a los cruces de caminos en los que era posible huir de las monotonías cotidianas y abrazar lo incógnito, recibir las palabras inéditas, y reiterar el rito procreador con el placer de la previa afirmación, del consentimiento seguro.

Aquélla luz nacía de otras luces, de un foco que desplegaba arcos iris parpadeantes, siluetas de arquitecturas ciegas, puertas cerradas que únicamente la noche abre para reconocer los rostros reales de la otra marginalidad.

La seducción de esos ámbitos urbanos degradados en los que se hacinaba una humanidad con la carne y el espíritu abierto, que iba desgranando historias personales tras las puertas opacas y los cristales ciegos que iluminaban los faroles rojos, ha sido una constante de esa negrura artística que ha teñido de voluntad redentora la visión de una España finiquitada; y la sordidez y esa miseria letal para la conciencia del varón trasgresor ha dado paso a una celebración festiva, multicolor en su reclamo, que exige para sí una estética formal cargada de innovaciones. La uniformidad simbólica a la que se condenaba lo reconocible pero secreto, con el lenguaje de lo perseguido pero consentido, ha dado paso a una explosión de presencias en las que se ha reforzado una recreación de la erótica callejera en su intención más directa: excitar la percepción del placer accesible.

Natalia Pastor plantea una reflexión visual sobre esos exteriores nocturnos en los que la arquitectura real desaparece tras el maquillaje provocador de las líneas de neón. Son hitos inesperados, luciérnagas de las rutas nacionales que se mueven en territorios yermos. La óptica femenina constata una frontera en esas puertas Inaccesibles, cerradas a cal y canto al paso y la mirada y, a la vez, asiste al despliegue publicitario, a la creación de un diseño en la que la mujer es ahora objeto de luz, trazada en su forma esencial con la línea atrevida y extravagante de los neones.

El resultado es un perfecto ejemplo de la transición del documento a la obra artística gracias a los presupuestos conceptuales de partida y a la configuración de una creación fragmentaria que adquiere la condición de totalidad abierta. Esos edificios chulos, plantados en los vacíos de diversas geografías unifican sus constantes de fantasía e irrealidad en arquitecturas orgánicas, esquemas compositivos reiterativos, mensajes escuetos, denominaciones comerciales exóticas y ambientes de claroscuro.

La forma de contemplación que Natalia Pastor activa para la identificación de esta atmósfera compleja es la concreción en el detalle, pero sobre todo es la fugacidad. El furtivismo en la obtención de los materiales documentales, la dificultad de extraer imágenes con naturalidad convierten a la artista en una suerte de “voyeur” de lo prohibido a través de la ocultación y el rescate del instante, y el resultado son esos paisajes en fuga en los que las formas se diluyen y construyen una mágica realidad que destila el cromatismo de lo eléctrico. Esas secuencias que van constatando el movimiento del objetivo de la cámara reflejan a la perfección el sentido de lo efímero que se da a esta manifestación subcultural en su vertiente real de pretenciosa equiparación con la estética dominante y los resultados no premeditados de lo hortera en su casticismo nada inocente.

El cambio de esos valores formales y la perplejidad en la asunción de unos parámetros que identifican sin complejos una actividad que parece necesitar de esa proclamación externa, sirven a la artista para una reflexión que incide en los contrastes paisajísticos de la nocturnidad y su sentido del peligro de lo oculto. La odisea de desterrar las tinieblas, de arrojar luz sobre una actividad que juega a hacerse expresa con insinuaciones, con siluetas de cuerpos perfectos, con los arcaicos rostros femeninos de gesto impreciso, tienen en este proyecto de Natalia Pastor una versión inédita en nuestro contexto. La incapacidad de concretar una mirada interior refuerza el sentido identificativo que tiene ese exterior de artificio frágil con la contundencia de lo verídico.Con esta arqueología de los contenedores del amor- mercancía en los que la ilusión se hace línea del horizonte de otra modernidad no menos atractiva- la de aquel lenguaje pop que los media han sobrepasado para anclarse en el lujo clasista-, Natalia Pastor evoca la transición de estilos, de actitudes públicas y privadas, y reconstruye la evolución de una mirada desde aquella luz roja de origen medieval, que en las penumbras forzadas dejaba entrever la puerta prohibida, hasta este despliegue procaz, derroche de energía creadora, que hace de las fachadas el soporte de otro arte popular, que se alimenta siempre de géneros mayores.

Francisco Crabiffose Cuesta

Vídeos:

Desde Fuera

Desde Fuera (Proyección en bucle)